Escudo del Honrado Concejo de la Mesta

HONRADO CONCEJO DE LA MESTA

Desde 1273 defendiendo las vías pecuarias y el dominio público

Historia de la Trashumancia en la Península Ibérica

La trashumancia en la Península Ibérica es un fenómeno milenario que se remonta a tiempos prehistóricos. Ya en el Neolítico y la Edad del Bronce, los primitivos pastores nómadas recorrían el territorio en busca de los mejores pastos y del clima más benigno para sus rebaños, siguiendo los ritmos de las estaciones y los ciclos naturales de la tierra.

Durante la época prerromana, celtíberos, vetones, lusitanos y otros pueblos ibéricos practicaban formas de trashumancia que ya delineaban rutas que luego se convertirían en cañadas. Los romanos organizaron y regularon estos movimientos, reconociendo su importancia económica. En la Hispania visigoda y durante la dominación musulmana, la práctica continuó, aunque con menor organización.

Es a partir del siglo XII, tras el avance de la Reconquista, cuando la trashumancia adquiere su carácter institucional y su gran esplendor. Los reyes castellanos, conscientes del valor económico de la lana merina, concedieron importantes privilegios a los ganaderos. En 1273, Alfonso X el Sabio funda el Honrado Concejo de la Mesta, institución que aglutinó a los principales ganaderos y reguló el movimiento de millones de ovejas a través de las cañadas reales.

Durante los siglos XV al XVIII, la trashumancia alcanzó su apogeo. Cada otoño, cientos de miles de ovejas descendían desde los agostaderos de Soria, León, Segovia y Cuenca hacia los invernaderos de Extremadura, Andalucía y La Mancha, siguiendo las grandes Cañadas Reales (Soriana, Leonesa, Segoviana y Conquense). Los alcaldes entregadores, los descansaderos, los remansos (como el de la Tejera en Fuentidueña de Tajo) y los fueros mesteños garantizaban el orden y la protección del ganado.

A partir de principios del siglo XIX, comienza el declive. Las ideas liberales, la desamortización de 1836 (que disolvió el Concejo) y el avance de la agricultura sedentaria fueron reduciendo los privilegios de la trashumancia. Durante el siglo XX, la modernización agraria, la aparición de razas ganaderas más productivas y el éxodo rural aceleraron la crisis de los sistemas tradicionales.

Hoy, en el siglo XXI, la trashumancia se encuentra en una situación crítica: los rebaños han disminuido drásticamente, muchas cañadas están ocupadas ilegalmente o degradadas, y los caminos ganaderos se han desarticulado. Sin embargo, persiste un movimiento de recuperación cultural, ecológica y turística que busca preservar este patrimonio vivo de nuestra historia.